
Miré el correo y encontré un mail de la empresa ofreciéndome unos chalets-chollazos en la Costa del Sol (chollos de 60 kg en pesetas, los muy gilipollas, como si no supieran bien cuánto me pagan -y que no falte, claro-)
también había un mail de Alberto Infante invitándome a la presentación de su nuevo libro que se celebrará el día 24 en la Casa de América -milllllllll gracias D. Alberto, pero es que soy tan borriquilla que ni siquiera sé quién es Vd.- ; otro mail, para invitarme a varios eventos en Salamanca - me ennnnncanta saberlo, pero ya quisiera yo ir por allí aunque solo fuese a pasear-; y por último otro de Antonio Rómar -éste sí que sí, muaccc- diciendo que hoy se celebraba el homenaje a Julio César Navarro y que si queríamos ir, pues que podíamos.
Cuando salí de la oficina había una luz preciosa y las calles olían a pueblo con lumbres encendidas. Me sentí bien -todo lo bien que se puede sentir una cuando tiene preocupaciones, grandes- pero el placer se esfumó de golpe al cruzar por la embajada búlgara, que siempre "güele" a pedo-fétido que te caes p´atrás (esa embajada es una vulgaridad!).
Cogí el autobús, llegué, me senté en mi silla de los miércoles y volví a llorar como una BOBA al escuchar un García Lorca biennnnn leído a dos voces. Uffff, impresionannnte!. Después, como salí de allí con hambre, me acerqué a la Casa del Libro de la Gran Vía (por el camino vi a un crítico de cine y me acordé de Adu, seguro que los dos podrían tener una larrrrga charla),
- me estoy enrollando mucho, verdad?, pues no sigas leyendo porque hoy tengo ganas de "darle al pico"-
bueno, el caso es que al entrar en la librería encontré a Leopoldo Abadía firmando libros. Este viejete simpático anda de tele en tele explicando, a las mil maravillas, de qué va esta carroña de crisis -fétida también- , y como ahora lo entiendo todo gracias a él, pues se lo agradecí saltándome la "cola" y diciéndoselo (oye, superagradable el tío aunque supiera de sobra que no le iba a comprar ná, que un libro de economía debe de ser un poco coñazo). A dos metros de él, pululaba el "Eric Fratinni" preguntando por las ventas de su último libro, el que presentó el otro día en Venecia como si fuese una estrella de la Berlinale -prometo que no le dije ná, que el feo este, no sé pq, me cae como el culo-, y...
tranquiiii, que ya termiiiinoooo
me fui a poesía, me compré un librito y, viendo que aquel chico -con pinta de listorro- llevaba un rato ojeando sin encontrar lo que buscaba... cogí un poemario de la estantería y se lo puse entre las manos diciendo: llévatelo, q te va a gustar!.
Desaparecí de allí antes de que pudiera levantar la cabeza.
CONCLUSIÓN: Que hoy parecí algo, siendo humo....
(Nota: El poemario que le di era "El gato solo quería a Harry" del Sr. Commendatore, LF -jejé-)